El amor romántico funge un papel importante dentro del ámbito socio-cultural, pues como bien dice Kate Millet “El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión de las masas. Mientras nosotras amábamos, ellos gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a la mujer y hacerla dependiente, en todos los sentidos. Entre seres libres es otra cosa».

Existen una serie de “mitos” alrededor de esta idea del amor romántico, la cual es una atadura de cierto modo:

“El amor es para siempre”: Nos han incrustado esa idea de que el amor dura para siempre, sin embargo no es así, dura lo que tiene que durar, podría durar un mes, dos semanas o hasta 60 años.

“Las mujeres nacimos para esperar”: No reproduzcamos esa idea perniciosa que nos presentaron con ahínco, en los medios, de esperar al héroe, de ser el lugar de descanso, las abnegadas, pacientes; de esperan a su hombre llegar de la guerra, de esperan a que se sienta seguro de estar con nosotras como si fuéramos el objeto en él que se postrara.

“Estamos condenadas (os) a sufrir por amor”: No olvidemos que podemos ser críticas ante las situaciones, podemos tomar decisiones, es saludable tomar distancia cuando no nos sentimos cómodas o seguras, es posible desenamorarnos de quien no nos ama, de dónde nos duele, siempre tendremos personas que nos quieran y aprecien, no olvidemos que los lazos fraternales también son importantes es sólo que nos han insertado el discurso de que la idea primordial en nuestra cabeza debe de ser la de amar a una pareja de manera sexo-afectiva.

“Se te escapa el tren”: Somos seres individuales, con distintas, metas, objetivos y sobre todo deseos, por lo cual no todas deseamos como último objetivo formar una familia o siquiera tener una pareja, no es que dejemos escapar las oportunidades de estar “con alguien” es que no tenemos el ímpetu de buscar una relación. No tenemos que tener una edad exacta para estar con alguien de manera formal, las relaciones son distintas y por ende las personas aun más.

“Sin ti no soy nada”: Esté podría ser una de los más ridículos pero una de las inculcadas, no tenemos necesidad alguna de renunciar a nuestro poder para dárselo a otra persona como prueba de amor infinito. Someterse o dominar a la persona amada supone construir relaciones desiguales, dependientes, violentas y dolorosas, y resulta muy difícil salir de los círculos de la violencia.

En realidad esta idea del amor romántico a funcionado especialmente para someternos como mujeres, nos han planteado desde la literatura, en épicas novelas hasta películas, series y un sin fin de arquetipos para olvidarnos de nosotras mismas, lo cual los convierte en nuestras peores enemigas y nos separa del resto de nuestras congéneres, el amor no tendría porque ser unidimensional, ni un suplicio; así que tenemos la posibilidad de destruir esa idea tan dañina.